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COCINA PARA MEMBRILLOS         Cocina para membrillos

                Por Alfonso Arizcun

domingo, 8 de noviembre de 2009

Huevos fritos con patatas



¿A quién no le gustan unos huevos fritos bien hechos? Creo que es uno de los manjares más ricos de los que podamos disfrutar. Son bien fáciles de hacer y hay múltiples variaciones: con tomate, pimientos, chorizo, jamón, lomo... la lista se haría interminable. En esta ocasión los voy a acompañar con patatas fritas. Ummm, una delicia.

Pero la cuestión radica en saber hacerlos bien. No se crean, no todo el mundo sabe hacerlos. Yo me he encontrado con todo tipo de huevos a los que aplican erróneamente el participio-adjetivo "fritos". Algunos podríamos utilizarlos como arma arrojadiza y después de los lanzamientos seguirían manteniendo su forma y aspecto plastificado. ¡Son huevos indestructibles!. Y no digamos los huevos que nos ofrecen en la mayoría de restaurantes, bares, tabernas, fondas... que nos presentan como fritos y más parecen una de esas imitaciones de juguete con las que trastean nuestros hijos. Yo les llamo huevos "hogarín" (por aquel juego de cocina para niños que los que ya tengan cierta edad recordarán).

Los huevos fritos son... eso, fritos; fritos en aceite. Ni huevos a la plancha ni al plato ni con una "muestra" exigua de aceite para engañar. Hagan la prueba: busquen imágenes de "huevos fritos" en Google y comprobarán los engendros de huevo que nos hacen pasar por fritos.

Esto NO ES UN HUEVO FRITO:




Luego hay quien en lo exacerbado y rebuscado en muchos aspectos de la cocina actual pretende innovar o perfeccionar y convierte lo ya perfecto, como es el caso de dos huevos fritos bien hechos, en un engendro con la excusa de la innovación. Nos propone separar la clara de la yema, batir la clara a punto de nieve y freírla por separado, depositando después en el centro de la misma la yema. Eso TAMPOCO SON HUEVOS FRITOS.

Para conseguir disfrutar de unos huevos fritos con patatas como está mandado el proceso es muy sencillo; y no hay que complicarse.

Pelamos las patatas. Para eso no necesitamos más que un cuchillo afilado. Si no eres muy ducho en esta práctica dispones de peladores que puedes comprar en cualquier establecimiento "ad hoc".



Un pequeño truquillo (del que se puede prescindir, claro) es ir depositando las peladuras sobre la hoja de un periódico. De esta manera no mancharemos nuestra cocina; sobre todo si la piel contiene algo de tierra. Luego, sólo tendremos tendremos que dejar caer todas esas peladuras en nuestra basura, y la superficie se mantendrá impoluta. Al pelar, procura no llevarte media patata junto a la piel, pues luego te quedarás con hambre.

Mientras pelas y cortas las patatas, pon a calentar aceite abundante en una sartén o en una freidora. A temperatura media.

Limpiamos las patatas bajo el chorro del grifo y las cortamos. Hay muchas formas de cortar patatas. Normalmente, para acompañar con huevos fritos se suelen cortar a lo largo, como ves aquí:



Sin embargo, a mi me gustan más las cortadas en "panadera", así es que ese tipo de corte será el que utilice. Procura cortarlas ni muy finas ni muy gruesas, y regulares, para que todas se frían por igual. Si tampoco estás familiarizado con estos menesteres, existe un artilugio llamado mandolina (no confundir con el instrumento musical del mismo nombre) con el que cortar patatas o cualquier otra hortaliza, verdura, huevos duros, etc. es rápido y muy sencillo. Personalmente, no la utilizo, pero tú verás.



Una vez cortadas, se salan y se echan en el aceite previamente calentado y en la cantidad necesaria para que las cubra casi totalmente. Ten cuidado, si no las has escurrido bien, el efecto del agua sobre el aceite caliente es inmediato: notarás cómo decenas de gotitas de aceite caliente acaban enfriándose sobre tus manos. Jeje, bueno, no es para tanto. Al principio el aceite se "arrebatará" un poco y quizá salte algo, pero si las echas con cuidado no pasará a mayores ni tendrás que visitar el centro de urgencias. Si las haces en freidora, las echas en el cestillo y cuando sumerges éste en el aceite pones la tapa durante unos segundos, hasta que notes por el ruido que el momento inicial de ebullición loca ya ha terminado. Luego la destapas. Ojo, nunca frías unas patatas con la tapa de la freidora puesta, pues se trata de freírlas, no de cocerlas.

Dependerá de cómo te gusten a ti, pero para lograr unas patatas ricas, blanditas y en condiciones no es conveniente mantener el aceite a mucha temperatura. Sólo lo necesario para que vayan friéndose poco a poco. Para que no te queden "apelotonadas", o sea, pegadas unas con otras, sobre todo al principio es conveniente revolverlas un poquito según se van friendo. En unos 15 minutos, según la cantidad y la temperatura, tendrás tus patatas dispuestas para ser engullidas con fruición.

Ahora vamos con los huevos. En una sartén (nunca en freidora) echas aceite abundante, suficiente como para que el huevo logre flotar sobre él. No seas rácano en esto. A ser posible aceite de oliva, aunque eso irá en gustos o costumbres. Esperas hasta que el aceite comience a humear. Esto es importante. Si no esperas hasta que el aceite esté caliente (algo humeante), no lograrás que se frían en condiciones y te saldrán huevos medio fritos medio cocidos y con la yema medio cocida medio dura.

Algo que caracteriza a unos buenos huevos fritos son las "puntillas"; si el aceite estaba lo suficientemente caliente al echar los huevos las formará. Son esa zona de la clara, sobre todo en su perímetro que queda como algo más tostada y con aspecto burbujeante. Hay a quien no le gustan... bueno, en ese caso con echar los huevos con el aceite un poco menos caliente se solucionará el problema.

Con el aceite en condiciones, coges un huevo con firmeza (un huevo de ave, se entiende) y lo cascas sobre el borde de la cocina o sobre algún saliente, con decisión, sin miedo, aunque tampoco te pases, que no se trata de hacer tortilla. Sobre el aceite de la sartén, introduces los dedos pulgares en la abertura que has hecho en la cáscara y lo abres. Deberás tener el huevo a una distancia corta respecto al aceite, para que no caiga sobre él cual bomba arrojadiza. Si no te atreves y dudas, una alternativa es abrirlo sobre un plato y de ahí, con cuidado para que no se rompa la yema, lo podrás echar en el aceite humeante.

Inmediatamente constatarás cómo comienzas a oír una sinfonía de ruidos a modo de chasquidos húmedos, acompañados con alguna que otra aspersión de líquido elemento aceitoso que hace retroceder tu cabeza instintivamente. No te preocupes, es normal, es el tributo debido al huevo frito auténtico, sin concesiones a los huevos plastificados que nos ofrecen en la mayoría de los establecimientos de comidas. Ten preparada una espumadera y, mientras el huevo se regocija de placer entre tanto aceite humeante, colaboras con la obra de arte arrojando aceite caliente de la sartén sobre la superficie superior de la perfección culinaria en forma de huevo.
Cuando veas que la clara está en su punto el éxtasis se habrá consumado. Sólo tienes que introducir las espumadera por debajo del huevo y extraerlo del aceite. Lo mantienes un instante sobre la sartén para que escurra todo el aceite sobrante y lo depositas sobre el plato.

Algunos tienen la costumbre de arrojar un poco de sal sobre el huevo mientras se está friendo, otros la echan con el huevo ya en el plato. Cada cual lo hará según sus costumbres o gustos.

Ya sólo tienes que incorporar las patatas fritas al plato... y ¡a disfrutar!.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

la verdad que se ven ricos ricos
Salutis romanus

Bermudez dijo...

Btavo Romano. Eres la bomba, nadie habría descrito mejor que tú "el acto" de freir unos huevos con patatas. Ahora que he descubierto tus aptitudes literario-descriptivas, te desafío a que describas,con la misma parsimonia y detalle "el otro acto", sí, ya sabes, ese en el que también hay huevos, que chocan una y otra vez, acaban a veces duros, o cocidos, recocidos, sulfurados, escocidos, enrojecidos, pelados, tumefactos e, incluso, pegados a la puntera de una bota.
Saludos, de parte del Bermúdez, y también del Trillo, ya sabes, el guebón aquel que siendo Ministro de Defensa dijo aquellos de "Manda guevos".